Abril 2021 – Mariana Vargas – Durante las dos últimas décadas, China ha llevado a cabo reformas económicas que la han impulsado hacia una economía de libre mercado, innovadora y en expansión. La China imperial de los años 1800 y 1900 se dirigía hacia una “trampa de la renta media”. Le ocurre a los países que no reconstruyen su modelo económico, hace que sus tasas económicas sean más bajas y experimentan dificultades para adoptar nuevas fuentes de crecimiento económico.
Por ello, China comenzó a desarrollar proyectos, con el fin de depender menos de las inversiones fijas y de la exportación y más del consumo privado, los servicios y la innovación para impulsar su crecimiento económico. En este sentido, las ideas de innovación pueden verse en algunas acciones tomadas al pasar de los años.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta, es un proyecto de la República China con un valor de 4 a 10 billones de dólares. Su propósito es impulsar la economía China y la imagen de soft power a lo largo de 86 países que la constituyen. Esta ruta iniciaría en China y atravesaría Eurasia. Levantando las alarmas de los Estados Unidos de América, por supuesto, cuestionando la capacidad de China, al decir que esta ruta “crearía” empleos e impulsaría las economías extranjeras cuando fácilmente pueden estar imponiéndole deuda a cada país e imponiendo su propio sistema económico.
Otro gran ejemplo es el proyecto “Made in China – 2025” implementado en 2015 para aumentar la competitividad de las industrias chinas, fortificando sus marcas, impulsando la innovación y reduciendo la dependencia de China de la tecnología extranjera, convirtiendo a China en un gran fabricante mundial. Este proyecto podría, en palabras del Presidente Xi Jing Ping, “transformar a China en una potencia manufacturera mundial”.
El patrón que se observa en el comportamiento de China es, invertir en proyectos que hagan a China depender menos del extranjero y dejar que su futuro económico y político dependa únicamente de ellos. Xi Jing Ping podría ser el segundo mayor líder político que ha tenido China después de Mao Ze Dong. Ha consolidado a China como uno de los países con mayor crecimiento económico de la historia. Para respaldar esta afirmación nos gustaría mostrar las siguientes cifras: 800.000.000 de personas salieron de la pobreza una vez implementadas las reformas económicas de 1979. En 2018 el PIB de China creció hasta un 9,5%. Gracias al rápido crecimiento de su flujo comercial, China se convirtió en 2018 en un socio comercial extremadamente importante para 130 países del mundo. (Fuente de los datos anteriores: World Trade Atlas y Administración de Aduanas de China).
Esto significa que las actividades de importación y exportación de China aumentaron de un 9,3% a un 17,8% (2018).
No olvidemos nunca la capacidad que posee China como actor estratégico mundial. Su poder, influencia y capacidad los convierte en una amenaza para los países vulnerables con economías débiles, especialmente después del golpe de COVID-19 en 2020. América Latina podría ser la primera en esta lista, proporcionando a las empresas con sede en China comprar activos de empresas occidentales en dificultades financieras. Haciendo que China crezca y se expanda mientras Estados Unidos y Europa permanecen estancados.
La presencia China en América Latina se ha detectado en los sectores de seguridad, negocios y en la política. Con el Peoples Liberation Army (PLA) China ha participado en programas de entrenamiento de élite en Brasil o cursos en Colombia, además de intercambiar equipamiento con Perú y Colombia.
Han invertido aproximadamente 122.000 millones de dólares en la región en minerales, finanzas, sector eléctrico, digital y de telecomunicaciones. Participando en empresas como Claro, Movistar y Telefónica. Construyendo redes operativas y conexiones transatlánticas de fibra óptica, ciudades inteligentes a cambio de tecnología de vigilancia, datos financieros e información. (Fuente: revista de negocios y tecnología NDIA, Evan Ellis).
Puede que el objetivo de China sea construir una economía fuerte y diversa, pero nunca pierde de vista la pelota. Todas las acciones del gigante que despertó en Asia son calculadas y precisas. China se impone en países mediante inversiones estratégicas, soft power y encontrando los puntos débiles que puedan tener sus políticos y así lograr intercambios fructíferos. Resulta que el dragón se ha vuelto imparable.