Nuevo príncipe, nuevas reglas

Mayo 2022 – @Mariana Vargas – Después de la Invasión de Rusia a Ucrania, vemos como el mundo comenzó a reacomodarse, sobretodo en el tablero energético internacional, vemos nuevas alianzas estratégicas, oportunidades de inversión en las renovables, diversificación de matrices energéticas y disminución de dependencia hacia algunos ofertantes globales. Para efectos y propósitos de este artículo, nos gustaría analizar a un actor dentro del tablero internacional que ha jugado un rol importante en el sector: El Reino de Arabia Saudita.
Destacamos al principal jugador del medio oriente, por su gran antigua alianza con Estados Unidos durante 70 años, representando ambos intereses en la región, como país poderoso, con grandes alianzas regionales e influencia. Dentro de la política exterior estadounidense, sea con Obama, Trump, Bush o Biden el Medio Oriente es el territorio en el mapa por el cual ellos mismos se otorgan la responsabilidad de proteger y traer paz.
Los beneficios de Estados Unidos al tener a Arabia Saudita como aliado son muchos; tienes la influencia que tiene Arabia Saudita en la región, tendrá ojos en el golfo pérsico, tendrá como aliado a países como Egipto, el cual funge como el “mediador” para las disputas en la región y como una de las partes que influye en la franja de Gaza, además de destacar el rol saudí en el mercado energético internacional, solo por mencionar algunos.
De unos años para acá, el Rey saudí fue desplazándose y permitiéndole al príncipe ocupar su puesto como cabecilla del reino; Mohammed Bin Salman (MBS), es joven, abogado con experiencia en ser consejero, durante el mandato del rey fue encargado de Aramco y ejecutó grandes políticas en la guerra yemení, con el fin de mantener al presidente Mansur Al Hadi, ante las coaliciones enemigas persuadidas por el gobierno iraní.
Sin embargo, esto no lo es todo, también vemos como después de ser nombrado príncipe en el 2017, Arabia Saudita comenzó a sentir ciertos movimientos, entre ellos; mayoría de los oligarcas que hacían vida dentro del país comenzaron a ser auditados, presos y el gobierno confiscó sus bienes recolectando un total de $100 billones. Para muchos, este movimiento no fue hecho con una intención de “limpieza de corruptos en el país”, sino como una estrategia de parte del príncipe para monopolizar el poder dentro del reino saudí. Igualmente, un tema delicado ha sido la muerte del columnista, del Washington Post en el Consulado del Reino en Estambul, Jamal Khashoggi fue crítico de MBS. El príncipe niega cualquier responsabilidad.
Como todo líder, el príncipe claramente ha cambiado las reglas del juego, haciéndole frente a Estados Unidos y negándose incrementar producción debido al conflicto actual, además de aliarse en circunstancias actuales con Rusia, comercialmente hablando. Pareciera que Arabia Saudita está cambiando de personalidad, hacia una más rebelde. Manteniendo las riquezas del reino; primer país exportador de petróleo, alianzas efectivas en la región y en la OPEP, bolsa saudí cotizando recursos activamente, pero molestando a Estados Unidos, ignorando las llamadas del presidente Biden.
Analizar a un Estados Unidos sin Arabia Saudita en el escenario mundial es intrigante y preocupante a la vez. Si el reino del actual MBS continúa con su acercamiento a Rusia y alejamiento de Estados Unidos, pues el suelo está perfectamente fértil para que nazca un oligopolio de parte de los dos grandes productores y exportadores de hidrocarburos en el mundo, consecuentemente siendo estos los que influyan en su precio, distribución y mercado en general.

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